(Episodio 98) Juliano el Apóstata (I): El joven Juliano

En este episodio, el primero dedicado al emperador Juliano, exploramos la infancia y juventud de este futuro emperador. Nieto de Constancio Cloro y de Maximiano Hercúleo, sobrino de Constantino y primo de Constancio II, hablamos de un hombre nacido en la más exquisita de las cunas, aunque fue su estirpe su maldición, fue su linaje la causa de sus desgracias.  

A través del análisis de las fuentes de las que disponemos, tejeremos la intrincada historia de su linaje familiar, sus años de formación y las complejas relaciones que marcaron su camino.  

Desde su nacimiento en Constantinopla en el año 331 hasta su nombramiento como César en Milán en el 355, desentrañaremos los misterios de su vida. Descubriremos cómo la influencia de pensadores y preceptores como el eunuco Mardonio, o el retórico Libanio así como de su hermano Galo, su primo Constancio II y la emperatriz Eusebia. Figuras clave todas, que moldearon su personalidad y marcaron su destino. 

Hoy viajamos con Juliano a las grandes ciudades de oriente: Nicomedia, Pérgamo, Éfeso, Corinto o Atenas; urbes milenarias todas, cargadas de historia, decadentes pero en donde sus dioses aún brillaban y en donde el joven Juliano conocerá a los grandes filósofos de su tiempo. ¡Los últimos sabios paganos! 

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Ab Roma Infera (Episodio 3): El diablo en la Antigüedad Tardía (parte 1). Demonología y tipos de demonios.

La corte infernal, según el ilustrador decimonónico Gustavo Doré

Volvemos a la saga Ab Roma Infera para centrarnos en la figura del diablo, de los demonios y del resto de seres infernales que pueblan en mundo de la Antigüedad Tardía. 

De los espíritus y de los seres del mundo intermedio propios del mundo pagano, pasamos a la concepción que el cristianismo tiene de estas entidades, que enseguida asimila a los diablos.

El universo de lo diabólico durante los primeros siglos del cristianismo es una especie de cajón desastre en donde, junto a estas entidades (lémures, fantasmas y otros) propias del culto greco latino, acaban entrando todas las religiones previas y todos sus dioses. Y por si esto no fuera suficiente, el cristianismo trae su propio catálogo de demonios y seres infernales heredados de las tradiciones semíticas, egipcias  y mesopotámicas. 

Y todo este proceso lo enmarcamos en el momento de crisis de valores por excelencia dentro del imperio romano, que es el siglo III. Un periodo difícil en el que, frente a la necesidad de protección del individuo, se abren paso cultos mistéricos y religiones salvíficas y a la vez se abre paso la magia de toda la vida (el viejo atajo que supone un pacto con las fuerzas del inframundo).

Credos mistéricos, religiones salvíficas, magia y sortilegios…todo confluye a la hora de forjar la rica demonología de la Roma cristiana de la Antigüedad Tardía.